Turismo y pandemia: un México de contrastes

Por un lado, México también está entre los grandes respecto a garantías de sanidad e higiene, con excelentes representantes del hospedaje según la “Forbes Travel Guide”, poniendo a Montage Los Cabos, Solaz, a Luxury Collection Resort, de San José, en Baja California Sur, dentro de la lista de los 29 mejores hoteles, en 12 países que implementan altos protocolos para el cuidado de la salud y seguridad sanitaria, tanto para colaboradores como para clientes, entre otros tópicos. Así como este ejemplo, tenemos la otra cara de la moneda.

TheArch

Cabe mencionar que, la recuperación de la industria del turismo, ha sido y sigue siendo hasta ahora, desde el estallido de la pandemia, un devenir de contrastes, inconsistencias, modificaciones y hasta retrocesos, aun cuando uno de los factores de decisión de viaje es la seguridad sanitaria –o debería de serlo-.

A pesar de la COVID19 y también gracias a ella, se han marcado cambios trascendentales sobre la seguridad sanitaria tanto en lo individual y también dentro de los entornos públicos, en algunos casos. Estos cambios y mejoras deberían de permear a partir de ahora como algo cotidiano, normal y nada extraordinario, con “buenas prácticas”, así como lo fue en su momento para algunos establecimientos a raíz de la Influenza (AH1N1) en 2009; para prevenir no sólo las enfermedades provocadas por el SARS-COV-2, sino para combatir cualquier organismo microbiano potencialmente dañino para la salud de las personas en cualquier nivel.

El sector de los servicios turísticos, la verdad es que, no aguanta más cierres o disminuciones en su capacidad instalada u operativa, obligadas con el fin de apalear los niveles de contagio del virus, tan es así que hoy en día los restauranteros tienen por lema #AbrimosOMorimos.

Al menos en México, tanto el confinamiento voluntario y el “no tan voluntario”, ha traído grandes pérdidas en restaurantes, hoteles, agencias de viajes y demás prestadores de servicios turísticos. Cuando menos, las afectaciones han repercutido en la disminución de ganancias al 20 o 30 porciento, y cuando más, se han visto obligados a cerrar con su consecuente pérdida de empleos, pero de igual importancia, en este momento, es la perdida de impuestos que ayudan a soportar los gastos para la atención de pacientes en instituciones públicas de salud, quienes han sido los que más atención han brindado a la población en este momento de crisis.

El efecto adicional es que, aquellos que se encontraban laborando de manera formal como colaboradores o bien como propietarios y empresarios, ahora se han ido a la informalidad y, en el caso de los alimentos y las bebidas, a vender en la calle, lo que orilla a un completo descontento entre comercio formal e informal (no sólo a raíz de esto, claro), puesto que el argumento de los gobiernos es que, todos los establecimientos no esenciales tienen que cerrar y los esenciales (alimentos y bebidas, entre otros), deben de trabajar con horarios restringidos, con venta sólo para llevar o entrega a domicilio y medidas de sanidad e higiene más “estrictas“.

Cierto es que hay que sobrevivir sí o sí y hay que buscarse el sustento de manera no delictiva, eso es innegable. Pero también es cierto que en los puestos ambulantes se tiene un descontrol total sobre las medidas de sanidad, pero, aun así, los comercios establecidos no se libran de observaciones importantes sobre el mismo tema, ya que no se cuenta con una capacitación adecuada y tampoco una verdadera concientización sobre los puntos críticos de contagio dentro de un proceso de atención al cliente, poniendo en riesgo así a colaboradores y clientes por igual.

Dentro de las malas prácticas recurrentes en la industria de alimentos y bebidas (y otro tipo de establecimientos), cometidas tanto por comercios formales e informales, se encuentran las siguientes:

  • No hay verdaderos filtros de control para el acceso a los establecimientos, con la toma de la temperatura, sanitización de manos, con gel y calzado con tapetes sanitizantes.
  • No hay adecuados manejo, almacenamiento, cambio o renovación de las soluciones desinfectantes y utensilios de limpieza.
  • La misma persona que prepara, manipula, lleva alimentos es la misma que cobra, regularmente.
  • Al tomar la orden: los utensilios como la carta, comanda, el bolígrafo, se da al comensal para que apunte su propia orden, sin posterior desinfección tanto de los elementos como de las manos del colaborador o dependiente de comedor.
  • Es constante la manipulación de equipo de protección (guantes, caretas, cubre boca-nariz) por parte de los colaboradores con las manos y sin el protocolo adecuado.
  • No hay un constate lavado de manos cada que se cambia de actividad o después de determinado tiempo, por parte de los colaboradores y menos por parte del comensal.
  • Se continua con aforos que ponen en riesgo la sana distancia.
  • No se propicia, por parte del establecimiento, la compra de alimentos a domicilio o para llevar.

Estos son sólo algunos ejemplos de malas prácticas que, lamentablemente, tiene mayor recurrencia en micro-empresas, pero que no tiene justificación alguna sobre la operatividad o magnitud del establecimiento, puesto que sin lugar a dudas existen protocolos que pueden ser modificados y adecuados a la realidad de las empresas y, adicionalmente, no hay que perder de vista que todo procedimiento se encuentra en un continuo escrutinio y está propenso al cambio y mejora, con el fin de aumentar la calidad de los servicios y, en este caso, para proteger a tu cliente.

Penosamente, se nos hace muy lejana la posibilidad de ser parte responsable, los establecimientos formales e informales, como foco de propagación y contagio de la COVID19 y otros males de la salud; por lo que estamos matando indirectamente a nuestros clientes y comensales puesto que somos un eslabón más en esta cadena de la pandemia.

Mapa México. Semáforo Covid19

Seamos más proactivos para la contención de este mal y así, el día de mañana, tendremos los mismos comensales y los mismos clientes que antes y no menos. Puesto que todos sabemos lo difícil que es crear fidelización en nuestros clientes; no acabemos con ellos.

Por ello, acércate a los expertos para contar con el apoyo para evaluar tus procesos, sin temor a nada, tómalo como una verdadera oportunidad para mejorar. Toma los cursos que se tienen de manera gratuita e infórmate de constantemente. Autoevalúate de manera objetiva, no hay mayor crítico que uno mismo, y crecerás como empresa, y más aún en estos momentos. Sólo así podrás permanecer y sobrevivir a este momento de crisis que como nunca antes se ha tenido en el mundo entero.


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